Estás en mi mente casi todo el tiempo, Narciso de agua, trébol de cuatro hojas… ¿como puede no ser suficiente?
Te miro de reojo cada vez que puedo, incluso ahora que estas ahí, sentado en el piso, escuchando atentamente algo que no soy yo, que no son mis ideas distorsionadas, que no son mis impresiones atontadas que se enredan en el blanco de tus tobillos, en la firmeza de tus tendones, y suben a tus rodillas flexionadas, a tus manos inquietas, apuradas, a tu pecho helado envuelto en algodón, tu cuello infinitamente suave y resuelto, tu cara… Tu cara, tus ojos, tu belleza cruda, dolorosa, violenta, desproporcionada con tu entorno, desacorde con tus palabras, remotamente atada a algo que creo que veo muy por debajo de todo lo otro: todo lo que haces, lo que creas, lo que razonas, lo que explicas.
Que mala estampa, que fea actitud. No se que me gusta de vos, pero si me apuro en llegar, ¿vas a estar ahí? ¿Voy a ver algo más que tu expresión arrogante y tus ojos de agua estancada? ¿Hay alguien que pueda domarte? ¿Es que hay algo que pueda quebrarte en tu indiferencia? ¿Hay algo más de lo que veo? No quiero engañarme de nuevo.
sábado, 10 de noviembre de 2007
jueves, 8 de noviembre de 2007
Casi que hibernando...
Estoy temporariamente muda, deprivada de palabras. Me aterroriza no tener más nada que decir. Mientras tanto, mi mejor plan es dormir para soñar contigo.
lunes, 17 de septiembre de 2007
Todavía
Espero que sepas perdonarme, es que le tengo miedo a la lluvia copiosa en verano, a los momentos en que las circunstancias parecen alineadas a mi favor, a agarrar velocidad corriendo en la bajada, a las tardes de algodón de azúcar que se convierten en noches de cerveza fría en minutos, a las mentiras que espero ansiosamente, a mi deseo febril de creerlas. No me guardes rencor si me espantan las promesas de tus ojos verdes, las hamacas paraguayas de hilo blanco, la sensación del pasto bajo mis pies, del viento tibio en mi cara, la ilusión de doble filo. Quisiera que me entiendas cuando te digo que no puedo saltar. Todavía no.
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viernes, 31 de agosto de 2007
¿Viste?
Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?
Desde el muelle, en el mar de gente, las caras, el espacio, la tangible sensación de ser nadie, una cara mas, un par de ojos mas incapaces de abarcar el espacio, el aire, las posibilidades. La música, la distancia, un par de medias de red y una voz resonando en cientos de metros cuadrados, el baile, la emoción, la visión diferente.
¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá! ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
Veni, baila, volvé. A la emoción, a la distancia, a la diferencia. A la sorprendente similitud. A los miles de medialunas de manteca, a los pies quemados de tanto recorrer, a la complicidad, al talento que estremece, que emociona. A la sensación de que las horas vuelan, de que todo se mueve pero nada nunca cambia.
Como un acróbata demente saltaré,sobre el abismo de tu escote hasta sentirque enloquecí tu corazón de libertad...¡Ya vas a ver!
lunes, 13 de agosto de 2007
Vil catarsis
Hubo una época en que nos acompañábamos, una época en que nos reíamos juntas ¿Qué hiciste con mi amiga? Eras inteligente, nena, eras sagaz, ingeniosa, ocurrente, me escuchabas, me inspirabas, me enseñabas en la diaria con tu coraje, con tu amor, con tu experiencia. Eras mi hermana.
¿Cuando exactamente te convertiste en un teletubbie? No puedo sentarme más en una mesa a escucharte hablar como si vivieras en una fábula para niños. No te tolero un diminutivo más, no tolero otra charla de una hora sobre que rica está la comida, que lindo el día, que simpático el mozo, que agradable es todo.
No te banco que vivas nadando en la mitad llena del vaso sin mucho análisis de por medio. No te banco que no tengas ni una sola opinión propia y te creas más buena por eso. Pero igual me esfuerzo, me siento y te escucho decir que la gente tiene actitudes, y que bueno, a veces la gente reacciona a esas actitudes. ¿De que estamos hablando? No te banco otra generalización gansa y vacía. No te banco que me hayas robado a mi amiga.
¿Te lavaron el cerebro? ¿Estas fumando demasiado porro? ¿te abdujeron los extraterrestres? No se que te paso, pero te quiero de vuelta. Quiero a mi amiga entrañable, al ser pensante, al comprensivo, al realista, el que se comunicaba.
Quiero que bajes de tu nube de pompas de jabón un minuto. Y si no podes hacerlo, entonces perdoname, pero quiero que desaparezcas de mi vista.
¿Cuando exactamente te convertiste en un teletubbie? No puedo sentarme más en una mesa a escucharte hablar como si vivieras en una fábula para niños. No te tolero un diminutivo más, no tolero otra charla de una hora sobre que rica está la comida, que lindo el día, que simpático el mozo, que agradable es todo.
No te banco que vivas nadando en la mitad llena del vaso sin mucho análisis de por medio. No te banco que no tengas ni una sola opinión propia y te creas más buena por eso. Pero igual me esfuerzo, me siento y te escucho decir que la gente tiene actitudes, y que bueno, a veces la gente reacciona a esas actitudes. ¿De que estamos hablando? No te banco otra generalización gansa y vacía. No te banco que me hayas robado a mi amiga.
¿Te lavaron el cerebro? ¿Estas fumando demasiado porro? ¿te abdujeron los extraterrestres? No se que te paso, pero te quiero de vuelta. Quiero a mi amiga entrañable, al ser pensante, al comprensivo, al realista, el que se comunicaba.
Quiero que bajes de tu nube de pompas de jabón un minuto. Y si no podes hacerlo, entonces perdoname, pero quiero que desaparezcas de mi vista.
viernes, 3 de agosto de 2007
Quiero, o delirio de madrugada
quiero ser buena quiero ser cool quiero ser linda quiero ser inteligente quiero ser astuta quiero ser ocurrente quiero ser ingeniosa quiero ser sexy quiero ser flaca quiero ser generosa quiero ser comprensiva quiero ser tolerante quiero ser especial quiero ser sensible quiero ser talentosa quiero ser organizada quiero ser respetada quiero ser eficiente quiero ser compañera quiero ser leal quiero ser amada quiero ser luminosa quiero ser sincera quiero ser amable quiero ser expresiva quiero ser metódica quiero ser incisiva quiero ser cuestionadora quiero ser independiente quiero ser trabajadora quiero ser autotolerante quiero ser amiga quiero ser compañera quiero ser esposa quiero ser madre quiero ser amante quiero ser sigilosa quiero ser musical quiero ser grácil quiero ser liviana quiero ser deseada quiero ser acompañada quiero ser consuelo quiero ser recurso quiero ser herramienta quiero ser activa quiero ser solidaria quiero ser respuesta quiero ser callada quiero ser precisa quiero ser medida quiero ser racional quiero ser sabia quiero ser conciente quiero ser feliz quiero aceptarme quiero ser yo
quiero volar
quiero volar
jueves, 26 de julio de 2007
Correr y pelear
En los vientivarios años que transcurrieron desde su fecha de envasado, la monógama en serie ha ido adquiriendo certezas y regodeandose en ellas, solo para tener que descartarlas un tiempo mas tarde. Al comienzo todo parecía muy claro, y claro, por eso mismo, al comienzo ella no era aún una monógama en serie.
Al aterrizar con el dudoso paracaídas de su XX en esta pequeña ciudad, la monógama en serie fue descubriendo tempranamente el color rosa, los cuentos clásicos, las princesas de Disney y las risueñas Barbies, cada una con su respectivo príncipe galante (o andrógino metrosexual de plástico). Interactuando con ellos la monógama en serie comprendió que para toda mujer hay un príncipe encantador dispuesto a pasar las mil y una con tal de vivir con ella felices para siempre, y que esto siempre sucede así.
Comprendió también que todos los hombres son bellos, nobles y valientes; y que todas las mujeres buenas son bonitas y amadas. Comprendió también que las mujeres malas son siempre horrendas y eventualmente reciben su merecido.
Y sin embargo, veinte años después, la monógama en serie toma conciencia de su condición y se ve obligada a cuestionar su paradigma. Como todos, supongo, la monógama en serie ha coexistido con esos parientes o conocidos cuya solitaria existencia la desestimuló, más o menos tempranamente, del concepto de una vida “independiente”.
Orgullosa de su persona y de sus logros, la monógama en serie se niega admitir que no concibe una imagen de si misma a futuro sin alguien a su lado. Mientras se escucha argumentar que no tener una familia le allana el camino hacia la concreción sus sueños, se imagina rodeada de gatos, velas y lectura new-age un domingo a la tarde a los cincuenta. Y la imagen, como todas las imagenes inquietantes, permanece latente en algun rinconcito de la conciencia.
Tras el trágico final de una relación larga, intensa y positiva, la monógama en serie se ve obligada a hacer un doble duelo: el duelo por el vínculo perdido, el real; y el duelo por aquellos sueños compartidos que no van a cumplirse. Se despide de todas aquellas adorables rutinas que no volverá a ejecutar. La monógama en serie repasa en su mente todos los apodos cariñosos, todas las voces impostadas y los chistes internos que ya no volverá a repetir, y se ve forzada a tomar una resolución.
La monógama en serie quiere seguir buscando, pero se pregunta si, como las princesas de la infancia, no ha llegado el tiempo de esperar en su torre y dejarle el correteo por el desierto y los enfrentamientos con dragones a otro.
No es bueno correr ni pelear con el corazón roto.
Me llamo Leandra, y soy una monógama en serie.
(“Hola, Leandra”)
Hacen cinco meses y una semana que estoy sola.
(Aplausos)
Al aterrizar con el dudoso paracaídas de su XX en esta pequeña ciudad, la monógama en serie fue descubriendo tempranamente el color rosa, los cuentos clásicos, las princesas de Disney y las risueñas Barbies, cada una con su respectivo príncipe galante (o andrógino metrosexual de plástico). Interactuando con ellos la monógama en serie comprendió que para toda mujer hay un príncipe encantador dispuesto a pasar las mil y una con tal de vivir con ella felices para siempre, y que esto siempre sucede así.
Comprendió también que todos los hombres son bellos, nobles y valientes; y que todas las mujeres buenas son bonitas y amadas. Comprendió también que las mujeres malas son siempre horrendas y eventualmente reciben su merecido.
Y sin embargo, veinte años después, la monógama en serie toma conciencia de su condición y se ve obligada a cuestionar su paradigma. Como todos, supongo, la monógama en serie ha coexistido con esos parientes o conocidos cuya solitaria existencia la desestimuló, más o menos tempranamente, del concepto de una vida “independiente”.
Orgullosa de su persona y de sus logros, la monógama en serie se niega admitir que no concibe una imagen de si misma a futuro sin alguien a su lado. Mientras se escucha argumentar que no tener una familia le allana el camino hacia la concreción sus sueños, se imagina rodeada de gatos, velas y lectura new-age un domingo a la tarde a los cincuenta. Y la imagen, como todas las imagenes inquietantes, permanece latente en algun rinconcito de la conciencia.
Tras el trágico final de una relación larga, intensa y positiva, la monógama en serie se ve obligada a hacer un doble duelo: el duelo por el vínculo perdido, el real; y el duelo por aquellos sueños compartidos que no van a cumplirse. Se despide de todas aquellas adorables rutinas que no volverá a ejecutar. La monógama en serie repasa en su mente todos los apodos cariñosos, todas las voces impostadas y los chistes internos que ya no volverá a repetir, y se ve forzada a tomar una resolución.
La monógama en serie quiere seguir buscando, pero se pregunta si, como las princesas de la infancia, no ha llegado el tiempo de esperar en su torre y dejarle el correteo por el desierto y los enfrentamientos con dragones a otro.
No es bueno correr ni pelear con el corazón roto.
Me llamo Leandra, y soy una monógama en serie.
(“Hola, Leandra”)
Hacen cinco meses y una semana que estoy sola.
(Aplausos)
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viernes, 20 de julio de 2007
Acá ando, ¿y vos?
- También, acá.
Es cierto. Acá estamos los dos, en un enredo de acás y ahoras, de conexiones esporádicas, de desconexiones sistemáticas. Vamos y venimos en círculos, intercambiando cada vez menos palabras pero cada vez más sentidas, más crudas, más concientes de su propia fecha de vencimiento. Con el tiempo, tu acá es cada vez más allá, mi acá cada vez más acá, y mientras que la distancia tangible permanece incambiada, la otra, la que importa, se estira de manera espeluznante, como un elástico dorado que de tanto deshilacharse empieza a ceder.
No quiero verte desaparecer en la distancia.
Es cierto. Acá estamos los dos, en un enredo de acás y ahoras, de conexiones esporádicas, de desconexiones sistemáticas. Vamos y venimos en círculos, intercambiando cada vez menos palabras pero cada vez más sentidas, más crudas, más concientes de su propia fecha de vencimiento. Con el tiempo, tu acá es cada vez más allá, mi acá cada vez más acá, y mientras que la distancia tangible permanece incambiada, la otra, la que importa, se estira de manera espeluznante, como un elástico dorado que de tanto deshilacharse empieza a ceder.
No quiero verte desaparecer en la distancia.
sábado, 14 de julio de 2007
Incoherente
Vení, te espero. Desde donde y como vengas no me preocupa demasiado. Incluso el cuando es discutible. Vení, te espero. La puerta esta cerrada, y la llave (shhh) bajo la alfombra. Quiero que llegues de improviso, sin anuncios ni preparativos, quiero encontrarte un día instalado en mi living con todas tus cosas sin preguntas previas ni consideraciones, quiero que llenes de tus células, de tu olor, de la vibra de tu voz los rincones callados. Quiero que invadas mi espacio. Quiero que tus malos hábitos me arranquen sonrisas. Quiero volver a enfurecerme y a hablar sin parar, quiero temblar de rabia, de ternura, de expectativa. Quiero rebelarme a tu piel. Quiero hacer, deshacer, arrepentirme. Quiero que entres seguro y cierres dando un portazo. Quiero, por un minuto, cederte el control de mis actos.
Vení. Estas formalmente invitado.
Vení. Estas formalmente invitado.
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miércoles, 11 de julio de 2007
Sobre la tarde de domingo que me debes
El piso de madera es lindo, lindísimo. Está viejo y gastado pero brilla bajo una capa reciente de barniz, y aún a la luz ladeada de media tarde puedo imaginar como fue encerado infinitas veces con dedicación y cariño. Me gusta sentarme en el piso.
Me gusta el aire tibio y dominguero de este living colorido y algo hippie. Me gustan los adornos, tan poquitos, tan personales, enceguecedores bajo el reflejo de la luz que entra por la ventana.
Me gusta esa luz amarilla, mielera, que chorrea a través del vidrio y lo envuelve todo, entremezclandose y volviendose uno con el sonido de Dave Matthews y su banda. Me gustan Dave Matthews y su banda, aunque nunca te lo confiese.
Me gusta el olor a café recien hecho. Me gusta tu sonrisa irregular, y los millones de colores increíbles que el sol le arranca a tu pelo.
Me gusta el halo alrededor de tu cabeza
Me gusta el aire tibio y dominguero de este living colorido y algo hippie. Me gustan los adornos, tan poquitos, tan personales, enceguecedores bajo el reflejo de la luz que entra por la ventana.
Me gusta esa luz amarilla, mielera, que chorrea a través del vidrio y lo envuelve todo, entremezclandose y volviendose uno con el sonido de Dave Matthews y su banda. Me gustan Dave Matthews y su banda, aunque nunca te lo confiese.
Me gusta el olor a café recien hecho. Me gusta tu sonrisa irregular, y los millones de colores increíbles que el sol le arranca a tu pelo.
Me gusta el halo alrededor de tu cabeza
sábado, 30 de junio de 2007
Sobre un hombre que amaba los caballos
Ojos azules, calor de sur
“Fue un gusto conocerte” dije, ensayando la despedida
“No nos conocimos” dijiste “pero me hubiera gustado”
10000 kilómetros y cuatro horas
Mucho Tiempo y muchas palabras dichas a media voz
Bajo la sombra de un árbol perenne y perfumado
Guardo en un bolsillo tus risueños matices de rosado
Aunque hace frío, y la lluvia me alcanza
Incluso bajo el espeso follaje de tu recuerdo
“Fue un gusto conocerte” dije, ensayando la despedida
“No nos conocimos” dijiste “pero me hubiera gustado”
10000 kilómetros y cuatro horas
Mucho Tiempo y muchas palabras dichas a media voz
Bajo la sombra de un árbol perenne y perfumado
Guardo en un bolsillo tus risueños matices de rosado
Aunque hace frío, y la lluvia me alcanza
Incluso bajo el espeso follaje de tu recuerdo
lunes, 18 de junio de 2007
Sobre el habitante
Que cosa molesta las mesas de cármica blanca, sin otro adorno que un servilletero vetusto y sin gracia. Casi no te dan excusa para distraer la mirada, y con el paso de los minutos se hace cada vez mas difícil esconderse detrás de algo, mas difícil esconderte vos dentro de tu propio cuerpo, y terminás asomandonte a la unica ventanita en la cual el otro te puede decir “pica”. Y entonces inexorablemente esa criatura huraña, primitiva y fotofobica que una vez desterraste de tu cabeza a un recóndito rincón de tu cuerpo, que te habita, que se pasa el día especulando posibilidades, oliéndose y rascándose en algún rincón oscuro y húmedo termina asomándose en tus ojos y tan sólo su presencia en tus órbitas despliega una ola de parálisis sobre los músculos de tu cara, como una descarga eléctrica. Sin más excusas para mirar la mesa, terminas mirándote en esos otros ojos, viendo en ellos el reflejo de la huraña criatura que refunfuña, mas enojada que nunca; y como siempre, te reprocha cosas.
Te dice lo que no querés escuchar. Te dice que siempre supiste que se puede aprender a amar a alguien. Y que como te dijo Miracles, en la vida tenés dos opciones: engancharte con cualquiera para evitar el dolor helado de estar solo, y de esa manera ser infeliz pero al menos ser infeliz con otro; o esperar que alguien venga y te abofetee con su sola presencia y transforme la felicidad de un concepto abstracto a la noción de la temperatura exacta de la piel de otras manos en las tuyas. Esa opción implica esperar, sabiendo que así te arriesgas a una existencia de dolor helado.
Y vos no querés arriesgarte. Y esos otros ojos que tenés en frente tampoco son cualquiera. Hay virtudes que hasta anomalías como vos saben apreciar. Vos estas dispuesta a no arriesgarte, pero cada vez que te decidís esa alimaña se arrastra desde su rincón oscuro y húmedo y te mira con enojo desde cualquier superficie reflejante, y si no la encuentra, siempre encuentra alojo en unos ojos ajenos.
Y te hace acordar de una vez, hace años, cuando todavía pensabas que te bastaba ese cuerpo para sobrellevar todos los inviernos, esa voz y esas palabras para salvarte del hambre para siempre. Te hace acordar que en una época vos también creías, vos también esperabas.
Entiende porque la encerraste. Entiende, pero no te perdona. Y no te va a dejar salirte con la tuya.
sábado, 9 de junio de 2007
Sobre el delgado hilo que ata la felicidad
Hubo una época en que me ponía tres pares de medias para irme a dormir, y me tomaba unos buenos diez minutos en terminar de meterme en la cama, deslizando los pies milímetro a milímetro esperando que mi cuerpo de nena calentara de a poco las sabanas gélidas. En esa misma época esperaba que me viniera el sueño respirando pausado, mirando el vapor de mi respiración condensarse en el frío del segundo piso, mientras sonaba metálica la sirena del tren del Paso a lo lejos. A veces, en esas noches, mi abuela se acostaba a los pies de mi cama envuelta en su ruana suave de lana beige, y me contaba el cuento del león famélico y de los conejitos que lo hacían vegetariano. Como amaba ese cuento. Como la amaba a ella. Como amaba que me ayudara a calentar el extremo de la cama en invierno.
Hoy tengo calefacción central, pero extraño esa casa. Extraño el segundo piso, las tablas de madera que crujían cuando caminaba, el frío del invierno, mi respiración condensada, la sirena del tren. La extraño a ella. Te extraño tanto. Daría la mitad de mi sangre para verte un rato aunque sea.
Miento. La daría toda por verte cinco minutos, porque me abrazaras, porque me contaras un cuento hoy de noche, hoy que la inminencia de otra perdida me recuerda a la tuya.
Hoy tengo calefacción central, pero extraño esa casa. Extraño el segundo piso, las tablas de madera que crujían cuando caminaba, el frío del invierno, mi respiración condensada, la sirena del tren. La extraño a ella. Te extraño tanto. Daría la mitad de mi sangre para verte un rato aunque sea.
Miento. La daría toda por verte cinco minutos, porque me abrazaras, porque me contaras un cuento hoy de noche, hoy que la inminencia de otra perdida me recuerda a la tuya.
domingo, 3 de junio de 2007
Gerardo y Carolina
Le gustaba como se sentaba en el borde del escritorio. Tenía un cuerpo largo y delgado que ella adivinaba fibroso y se movía con agilidad de un lado a otro del anfiteatro, como si quisiera dominar la clase, capturarlos con su mirada, enredarlos en sus palabras, entrar a fuerza en sus mentes. Con ella lo lograba. Le gustaba su voz áspera y potente que se deshacía de amor, de dignidad, de ira, de dolor, de todas las emociones existentes de acuerdo al texto que leyera. Le gustaba la pasión que desbordaba y el entendimiento del alma que emanaba en sus análisis.
Lo que no le gustaba era mirarlo y no poder evitar pensar en lo buen amante que sería. No le gustaba estar sentada durante hora y cuarto, hora y media, escuchando desesperadas palabras de amor que no eran para ella. No le gustaba la imposibilidad de la cuestión. Si el era un hombre y ella una mujer, ¿Qué tipo de diferencia son 25 años? ¿Qué distancia representan una esposa intelectual y dos hijos adolescentes?
Siempre la veía, sentada en la cuarta fila, sobre el pasillo del centro. Nunca se permitió pensarlo, pero si lo hubiera hecho, hubiera admitido que le gustaba como lo miraba fijo, con los ojos muy abiertos. Que le gustaban sus intervenciones, sus perspectivas. Que entre 150 alumnos, hasta le había tenido la deferencia de aprenderse su nombre. Carolina. Elisa había sugerido ese nombre cuando nació su primera hija, pero el se había negado. ¿Por qué ahora le resultaba tan hermoso?
Gerardo miró alrededor, a la seguridad del anfiteatro, y enfiló hacia el extremo opuesto.
No quiera el destino que nos juntemos nunca fuera de la protección de estas puertas.
Lo que no le gustaba era mirarlo y no poder evitar pensar en lo buen amante que sería. No le gustaba estar sentada durante hora y cuarto, hora y media, escuchando desesperadas palabras de amor que no eran para ella. No le gustaba la imposibilidad de la cuestión. Si el era un hombre y ella una mujer, ¿Qué tipo de diferencia son 25 años? ¿Qué distancia representan una esposa intelectual y dos hijos adolescentes?
Siempre la veía, sentada en la cuarta fila, sobre el pasillo del centro. Nunca se permitió pensarlo, pero si lo hubiera hecho, hubiera admitido que le gustaba como lo miraba fijo, con los ojos muy abiertos. Que le gustaban sus intervenciones, sus perspectivas. Que entre 150 alumnos, hasta le había tenido la deferencia de aprenderse su nombre. Carolina. Elisa había sugerido ese nombre cuando nació su primera hija, pero el se había negado. ¿Por qué ahora le resultaba tan hermoso?
Gerardo miró alrededor, a la seguridad del anfiteatro, y enfiló hacia el extremo opuesto.
No quiera el destino que nos juntemos nunca fuera de la protección de estas puertas.
viernes, 1 de junio de 2007
(des)encontrarse
La vió en seguida, ni bien subió. El ómnibus estaba casi vacío y ella dormitaba abiertamente en uno de los asientos de adelante en una actitud muy suya. Siempre le había divertido de ella la desfachatez con que contaba chistes verdes, bailaba gracioso y opinaba a voz en cuello las cosas más bizarras haciéndolas sonar perfectamente razonables. Con la que cantaba en la calle sin embocar una nota al ritmo de esos auriculares, los mismos que ahora tenia puestos, mientras dormía en su mundo; la cabeza contra la ventana y la boca entreabierta, como si en cualquier momento fuera a soltar otra opinión bizarra.
O la frase que solo una vez la escucho decir.
¿Pero cuanto tiempo hacia de eso ya? La mano pálida que asomaba fuera del saco rosado de lana temblequeo como para darle la razón: mucho, dijo, y dejó que el boleto que sujetaba entre sus dedos dormidos cayera sobre el regazo. El comprendió el mensaje y siguió avanzando.
Abrió los ojos y lo vió, reflejado en el vidrio que separa el asiento del conductor del resto de la plebe. Comprendió al instante que él la había visto al pasar a su lado y la había tomado por dormida, aunque siendo totalmente honesta, no podía asegurar que no lo estuviera. Lo vió retroceder un paso hacia ella, detenerse, respirar hondo y volver a avanzar, en un gesto de nerviosismo y duda; y se sintió increíblemente bella y deseada.
Como borracha de sueño, sorpresa e incredulidad de encontrárselo así, por azar, permaneció donde estaba y olvidó darle una señal de reconocimiento. Los ojos le pesaban y la música sonaba lenta y expresiva en sus auriculares. El momento, como el boleto, acababa de deslizarse entre sus dedos.
O la frase que solo una vez la escucho decir.
¿Pero cuanto tiempo hacia de eso ya? La mano pálida que asomaba fuera del saco rosado de lana temblequeo como para darle la razón: mucho, dijo, y dejó que el boleto que sujetaba entre sus dedos dormidos cayera sobre el regazo. El comprendió el mensaje y siguió avanzando.
Abrió los ojos y lo vió, reflejado en el vidrio que separa el asiento del conductor del resto de la plebe. Comprendió al instante que él la había visto al pasar a su lado y la había tomado por dormida, aunque siendo totalmente honesta, no podía asegurar que no lo estuviera. Lo vió retroceder un paso hacia ella, detenerse, respirar hondo y volver a avanzar, en un gesto de nerviosismo y duda; y se sintió increíblemente bella y deseada.
Como borracha de sueño, sorpresa e incredulidad de encontrárselo así, por azar, permaneció donde estaba y olvidó darle una señal de reconocimiento. Los ojos le pesaban y la música sonaba lenta y expresiva en sus auriculares. El momento, como el boleto, acababa de deslizarse entre sus dedos.
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miércoles, 23 de mayo de 2007
Las mediecitas me dan calor
Que apacible se le hacía la recién estrenada convivencia. Separados por 30 cm de hormigón vivían vidas separadas él y ella, en sus simétricos ochenta metros edificados. Lo escuchaba entrar y salir, pero nunca lo veía. Escuchaba su voz sin embargo, muy de vez en cuando, que resonaba fuerte y varonil en el estrecho pasillo compartido. Aún no se habían cruzado. Él llegaba después, ella se iba antes, y los días discurrían en la más dichosa calma. Ella no se preguntaba como sería.
Ayer de tarde caminó desde la parada como siempre lo hace. Pensaba en el frío, en la mordaz oscuridad de las seis de la tarde y en la promesa del café con leche que la mantendría despierta, cuando alguien pasó a su lado. Demoró unos segundos en procesar dos palabras: Hola vecina. Fueron dos segundos, pero ya era demasiado tarde.
Me asomaría a la mirilla de la puerta si no temiera tus ojos percibiendo la sombra de mis pies.
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martes, 22 de mayo de 2007
Sobre el inignorable
Hace más de un mes que no veo al iningnorable. Uno diría que la falta de contacto prolongada con alguien con quien uno no guarda mayor relación llevaría, mas tarde o temprano, al olvido de ese alguien, o por lo menos, a un beatífico estado de relativa relajación de la idea de existencia de esa persona. Que uno sometería a esa persona a una especie de inexistencia transitoria a la que se vería confinada hasta que uno se la encontrase de vuelta, u oyera de ella nuevamente, y allí esa persona emprendería su imaginario retorno hacia un tibio rincón de nuestra percepción, real o virtual, para llevar allí nuevamente una efímera existencia.
Pero eso no pasa con el iningorable. Me llevo tiempo darme cuenta de que no me pasa solo a mi. El inignorable es, en esencia, universalmente inignorable. Nadie que yo conozca que lo haya tratado pudo evitar caer en su red de iningnorabilidad. Enfrentada con él, la persona forma opiniones, interactua, emite juicios, busca información. Peor aún: experimenta emociones. Desde el intenso fastidio a la dolorosa atracción, pasando por todos los matices intermedios. Cosas pasan. No lo he visto en más de un mes, pero escucho los comentarios, las criticas, las alabanzas, las preguntas. Escucho mis propios pensamientos.
A decir verdad, lo veo todo el tiempo.
Pero eso no pasa con el iningorable. Me llevo tiempo darme cuenta de que no me pasa solo a mi. El inignorable es, en esencia, universalmente inignorable. Nadie que yo conozca que lo haya tratado pudo evitar caer en su red de iningnorabilidad. Enfrentada con él, la persona forma opiniones, interactua, emite juicios, busca información. Peor aún: experimenta emociones. Desde el intenso fastidio a la dolorosa atracción, pasando por todos los matices intermedios. Cosas pasan. No lo he visto en más de un mes, pero escucho los comentarios, las criticas, las alabanzas, las preguntas. Escucho mis propios pensamientos.
A decir verdad, lo veo todo el tiempo.
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viernes, 18 de mayo de 2007
Verdeazul
Me miraste fijo a los ojos y sin saber porque me sentí afortunada, elegida, empequeñecida. Sostuve la mirada y me perdí un poco en esos ojitos de niña enferma, tan poco infantiles, tan dolorosos, tan cansados.
¿Qué ves? Quise preguntarte. Porque lo que yo veo me parte el alma. Te veo chiquita, cansada, sabia, dolorida, y me pregunto cual es la lógica de las cosas, porque si la hay es una lógica de mierda. Pero claro, no te voy a decir eso y no es porque no me entiendas. Es porque tus ojos ya lo saben, y me siguen mirando a mi entre toda la gente que te rodea, y yo sigo mirándolos a ellos y me siento cada vez más y más triste. Y entonces veo que tus ojos son distintos, uno azul, otro verde; y contengo la respiración porque nunca vi algo así antes.
Lo siento tanto, hermosos dispares ojos tristes. Pero lo siento en serio, y ese sentimiento no esta nada bueno. No quiero verte llena de tubos y cicatrices. No quiero asumir que llegaste a la vida en déficit y me da pavor pensar que no sos la única. Me da pavor porque soy débil y estúpida e incapaz de aprender de tu coraje. Te admiro tanto, ojos valientes.
jueves, 17 de mayo de 2007
Temo
- Que el tiempo se me pase más rápido de lo que puedo incorporarlo
- Ser atacada por criminales de cualquier tipo
- Nunca tener hijos y verlos crecer
- Perder a la gente que amo
- Cometer un error irreparable
- No superarme cada día
- Nunca encontrar a alguien con quien compartir mi vida
- Descubrir que no puedo contar con tanta gente como pensaba
- Decepcionar a quienes creen en mí
- Decepcionarme a mi misma
- Desesperarme esperando que vuelva el verano
- Un día domingo sola en mi casa
- Decirle lo que verdaderamente pienso a cierto tipo de gente
- Nunca llegar a sentirme verdaderamente completa
- Convertirme en alguien mediocre
- Convertirme en alguien insensible
- Convertirme en alguien soberbio
- Encontrar una araña en mi cama
- No llegar a ser la mejor versión posible de mi misma
- No viajar por el mundo
- Despertarme un día y ver que no cumplí mis sueños
miércoles, 16 de mayo de 2007
Cosas que recuerdo
Recuerdo respirar hondo e intentar abrir mis sentidos a todo aquello a mi alrededor. Recuerdo el frío húmedo me invadió desde la absoluta oscuridad y el algodonoso silencio que me rodeaba. ¿Así se sentiría la nada? Una semillita de miedo había empezado a gestarse en mí, pero por algún motivo no se decidía a germinar. No me sentía en peligro porque había algo en esa oscuridad, en esa sensación de ingravidez, en ese silencio infinitamente imperturbado que casi parecía paz.
Recuerdo que flotabamos. Recuerdo que no veía a Martín pero percibía a mi lado su respiración tranquila y acompasada, y mas que nada recuerdo la sensación de seguridad y confianza que irradiaba aun a través del frío y la oscuridad. Encendimos nuestras linternas y avanzamos. Recuerdo como me sentí al desplazarme en un ambiente surreal e inexplorado, mi cuerpo adaptándose a veces, sobreponiéndose otras. Eran las diez de la noche, y estábamos diez metros bajo el agua. Recuerdo que me sentí en casa.
lunes, 14 de mayo de 2007
Will you sing for me?
Pienso en lo mucho que determinadas canciones le dicen a las personas, y en lo poquito que le dicen a otras. En cómo cada uno entabla con las canciones pequeños diálogos, más o menos profundos, más o menos íntimos: algunos a media voz, como no queriendo ser escuchados; otros más estridentes, mas apasionados.
Las canciones me hablan todos los días, y dependiendo del día, algunas dicen cosas con más sentido que otras. Algunas me representan más que otras. Hay días en que hay canciones que son mías. Que cantan mis palabras, que resuenan con mi música, que trasmiten lo que soy mejor de lo que yo podría. Hay días en que a ciertas canciones es mejor no escucharlas. Hay canciones a las que les tengo mucho miedo.
Hay versos que me siguen con los años y vuelven a golpearme cuando los creo olvidados, incluso lejos de su contexto original. Hay canciones que entran pidiendo permiso, y otras dando un portazo. Hay canciones que me acompañan por etapas. Duermen, desayunan, almuerzan y cenan conmigo una temporada, para después empacar sus cosas y marcharse en silencio, sin hacer alharaca, cuando sienten que ya han cumplido su ciclo. Hay otras que están conmigo hace tanto que ya empezaron a reclamar su propio cuarto y me hablan de relaciones desgastadas, y se conocen tanto entre ellas que a veces ya ni se hablan.
Hay canciones que son mis sueños, canciones que son mis dudas, canciones que son mis miedos. Hay algunas que definen lo que busco. Hay canciones que espero no me dejen nunca.
miércoles, 9 de mayo de 2007
Buscando motivos para ser feliz en invierno
- Los hoyuelos en las mejillas cuando alguien sonríe
- El pasto verde intenso a pesar de lo frío de un día gris
- La lluvia sobre los árboles (especialmente si puedo dormir siesta)
- El olor a tostadas
- La comida casera
- Los pájaros valientes que aún cantan
- La risa de campamento de mi hermano
- Comer chocolate con almendras
- Cantar bajo la ducha muy caliente
- Las carreras compartidas para escapar de la lluvia
- Mirar a alguien y de repente creer en la telepatía
- El sillón de mi living a la nochecita
- Reir hasta que te duela la panza
- Las bufandas de lana de colores
- El té de manzana y canela
- Los perros, los gatos, los niños
- El ruidito del fuego
- Una llamada invitándote a no hacer nada una tarde de domingo
lunes, 7 de mayo de 2007
Sobre los accidentes estúpidos
¿Cuáles son los principales componentes involucrados en un típico accidente estúpido?
Recurriremos a una burda generalización con el propósito de facilitar el análisis, dividiendo los componentes en dos grandes grupos: el del agente (o futuro accidentado) y el del objeto con el cual interactúa el agente.
De acuerdo a mi precario análisis, el agente o futuro accidentado puede pertenecer a cualquier especie, género o grupo etario, pero debe contar con la característica fundamental de ser animado. Puede objetarse que un agente no animado puede verse envuelto en un accidente estúpido al interactuar con un objeto animado. Es verdad, en ese caso el agente, a pesar de recibir una acción por parte de un objeto animado, sigue siendo agente y no objeto pues, si bien no genera el accidente, es quien sufre las consecuencias del mismo.
Pero volviendo al esquema original, el agente animado debe además contar con cierto espíritu temerario y la convicción de que nada puede pasarle. De allí se desprende que hay dos grupos de agentes, aquellos que por su inexperiencia o falta de facultades desconocen el peligro que entraña el objeto o las circunstancias que rodean al objeto (al que llamaremos el Ingenuo/Idiota), y aquel que esta plenamente conciente de él pero se considera capaz que sobreponerse a las circunstancias (el Valiente/Soberbio). Al interactuar con el objeto, tanto el Idiota/Ingenuo como el Valiente/Soberbio lo hacen desde la certeza de que se encuentran en control de la situación.
Ahí es donde entra en juego el objeto. Las características del objeto que participa de un accidente estúpido son altamente variables. Oscilan desde aquel aparentemente inofensivo, que sólo es capaz de generar daño en una inconveniente combinación de circunstancias o al ser manipulado de manera inapropiada, hasta aquel que resulta altamente peligroso por sus propias características y con el cual el más mínimo error puede llevar al desastre.
De la interacción entre agente y objeto, es difícil hallar que decir. Las hay de infinitos tipos y cada tipo puede encerrar diferentes propósitos. El agente y el objeto interactúan influenciados por su entorno de manera que siempre uno resulta jugar un rol mas activo que el otro, que observa expectante, hasta que el dramático desenlace tiene lugar: el accidente estúpido.
Ayudemos a la comprensión con un par de ejemplos:
Ejemplo 1: Niño de tres años de edad (agente) que, intrigado por los misterios de esos agujeritos en la pared por donde viaja la luz que llega hasta la lámpara, introduce sus dedos en el enchufe (objeto). Se trata de este caso de un agente Ingenuo interactuando con un Objeto Altamente Peligroso (APO). Resultado: Descarga eléctrica. Accidente estúpido, terrible, y evitable.
Ejemplo 2: Mujer de 25 años (agente) que, influenciada por el ocio, dedica más pensamientos que los razonablemente seguros a alguien y algo que datan de tiempo atrás (objeto). Se trata en este caso de un agente Idiota/Soberbio, que asumió erróneamente que estaba en control de una situación que (debería haberlo aprendidio tiempo atrás) se comporta como un Objeto Altamente Peligroso.
Resultado: Confusión severa. Accidente estúpido y terrible. ¿Evitable?
Que cosa peligrosa enroscarse con el pasado.
Recurriremos a una burda generalización con el propósito de facilitar el análisis, dividiendo los componentes en dos grandes grupos: el del agente (o futuro accidentado) y el del objeto con el cual interactúa el agente.
De acuerdo a mi precario análisis, el agente o futuro accidentado puede pertenecer a cualquier especie, género o grupo etario, pero debe contar con la característica fundamental de ser animado. Puede objetarse que un agente no animado puede verse envuelto en un accidente estúpido al interactuar con un objeto animado. Es verdad, en ese caso el agente, a pesar de recibir una acción por parte de un objeto animado, sigue siendo agente y no objeto pues, si bien no genera el accidente, es quien sufre las consecuencias del mismo.
Pero volviendo al esquema original, el agente animado debe además contar con cierto espíritu temerario y la convicción de que nada puede pasarle. De allí se desprende que hay dos grupos de agentes, aquellos que por su inexperiencia o falta de facultades desconocen el peligro que entraña el objeto o las circunstancias que rodean al objeto (al que llamaremos el Ingenuo/Idiota), y aquel que esta plenamente conciente de él pero se considera capaz que sobreponerse a las circunstancias (el Valiente/Soberbio). Al interactuar con el objeto, tanto el Idiota/Ingenuo como el Valiente/Soberbio lo hacen desde la certeza de que se encuentran en control de la situación.
Ahí es donde entra en juego el objeto. Las características del objeto que participa de un accidente estúpido son altamente variables. Oscilan desde aquel aparentemente inofensivo, que sólo es capaz de generar daño en una inconveniente combinación de circunstancias o al ser manipulado de manera inapropiada, hasta aquel que resulta altamente peligroso por sus propias características y con el cual el más mínimo error puede llevar al desastre.
De la interacción entre agente y objeto, es difícil hallar que decir. Las hay de infinitos tipos y cada tipo puede encerrar diferentes propósitos. El agente y el objeto interactúan influenciados por su entorno de manera que siempre uno resulta jugar un rol mas activo que el otro, que observa expectante, hasta que el dramático desenlace tiene lugar: el accidente estúpido.
Ayudemos a la comprensión con un par de ejemplos:
Ejemplo 1: Niño de tres años de edad (agente) que, intrigado por los misterios de esos agujeritos en la pared por donde viaja la luz que llega hasta la lámpara, introduce sus dedos en el enchufe (objeto). Se trata de este caso de un agente Ingenuo interactuando con un Objeto Altamente Peligroso (APO). Resultado: Descarga eléctrica. Accidente estúpido, terrible, y evitable.
Ejemplo 2: Mujer de 25 años (agente) que, influenciada por el ocio, dedica más pensamientos que los razonablemente seguros a alguien y algo que datan de tiempo atrás (objeto). Se trata en este caso de un agente Idiota/Soberbio, que asumió erróneamente que estaba en control de una situación que (debería haberlo aprendidio tiempo atrás) se comporta como un Objeto Altamente Peligroso.
Resultado: Confusión severa. Accidente estúpido y terrible. ¿Evitable?
Que cosa peligrosa enroscarse con el pasado.
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accidentes,
monógama en serie,
relaciones
domingo, 6 de mayo de 2007
Young boy with eyes like the desert
Nos conocimos hace muchos años vos y yo, y fue uno de esos encuentros cinematográficos que parecen programados para generar felicidad. Te quise tanto. No creo que nunca llegues a saberlo del todo. El tiempo que te di te lo di con alegría y devoción absoluta y un constante sentimiento de fortuna y agradecimiento; eran días distintos y vos eras fresco, natural, espontáneo y tan, tan hermoso… La felicidad era un minuto mas escuchando tu voz.
Tanto tiempo después, tanta agua bajo el puente, ya ni siquiera me caes bien, ya no me duele nada, ya nadie pierde tiempo jugando a la escondida. Y sin embargo, young boy with eyes like the desert, ya ni tan joven ni tan inexplorado, todavía tengo una caja de felicidad en el alma que nunca llegue a darte. Nunca pude cuidarte. Pasé tanto tiempo corriendo adelante o detrás de vos que nunca estuve a tu lado. Pero no quiero ser tu amiga, y no puedo ser tu hermana. Quiero que te endurezcas, busques, pelees, descubras. Quiero que encuentres vos mismo lo que yo ya no quiero darte. Aunque ya no seas fresco, natural, espontáneo y hermoso. Aunque ya no me caigas bien. Aunque ya no me duela nada.
Tanto tiempo después, tanta agua bajo el puente, ya ni siquiera me caes bien, ya no me duele nada, ya nadie pierde tiempo jugando a la escondida. Y sin embargo, young boy with eyes like the desert, ya ni tan joven ni tan inexplorado, todavía tengo una caja de felicidad en el alma que nunca llegue a darte. Nunca pude cuidarte. Pasé tanto tiempo corriendo adelante o detrás de vos que nunca estuve a tu lado. Pero no quiero ser tu amiga, y no puedo ser tu hermana. Quiero que te endurezcas, busques, pelees, descubras. Quiero que encuentres vos mismo lo que yo ya no quiero darte. Aunque ya no seas fresco, natural, espontáneo y hermoso. Aunque ya no me caigas bien. Aunque ya no me duela nada.
viernes, 4 de mayo de 2007
Oda a la decisión
Tíldenme de intolerante si quieren, pero hay cualidad que últimamente me saca de quicio en la gente: la indecisión. No respecto a grandes certezas al mejor estilo ¿Qué quiero hacer de mi vida?. Me refiero a las pequeñas cosas, me corto o no el pelo, me compro o no ese alfajor triple, salimos o no hoy de noche, vamos o no a este recital, salgo o no de la cama cuando son las siete a.m y llueve como nunca se ha visto antes.
Supongo que en mayor o menor medida la indecisión nos afecta a todos, pero me resulta claro que sufrir de algo y hacérselo sufrir a los demás son cosas distintas. Por eso cuando un viernes de noche mis amigas llaman veinte veces especulando sobre distintas actividades, para luego llamar otras tantas preguntándose sobre la conveniencia de hacer algo, sea lo que sea, para luego llamar a comunicar que mejor dejarlo para mañana, lo confieso: me saca de quicio.
Entonces, ¿que hago?
¿Pido que no me llamen hasta que sepan que quieren hacer, o lo dejo pasar y trato de que deje de molestarme?
¿Dejo de atender sus llamadas, o las llamo yo buscando que se concrete algo?
¿Me lamento por mi mala suerte de viernes a la noche, o me sirvo una copa de vino y me regodeo en el sillón con una película?
Como dije, la indecisión me saca de quicio en la gente, y mal que me pese, yo soy gente también. Y me saco de quicio a mi misma.
Supongo que en mayor o menor medida la indecisión nos afecta a todos, pero me resulta claro que sufrir de algo y hacérselo sufrir a los demás son cosas distintas. Por eso cuando un viernes de noche mis amigas llaman veinte veces especulando sobre distintas actividades, para luego llamar otras tantas preguntándose sobre la conveniencia de hacer algo, sea lo que sea, para luego llamar a comunicar que mejor dejarlo para mañana, lo confieso: me saca de quicio.
Entonces, ¿que hago?
¿Pido que no me llamen hasta que sepan que quieren hacer, o lo dejo pasar y trato de que deje de molestarme?
¿Dejo de atender sus llamadas, o las llamo yo buscando que se concrete algo?
¿Me lamento por mi mala suerte de viernes a la noche, o me sirvo una copa de vino y me regodeo en el sillón con una película?
Como dije, la indecisión me saca de quicio en la gente, y mal que me pese, yo soy gente también. Y me saco de quicio a mi misma.
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indecisión,
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miércoles, 2 de mayo de 2007
The G.I Jane Routine
Llueva, nieve o truene, tres veces por semana me propongo desplazarme las cuatro cuadras que separan mi casa del gimnasio. Si, el estropajo en joggineta y championes con su botellita de Salus de medio que apura el paso, esa seré yo, como todos los años, intentando tomar medidas contra los adipocitos antes de que me aplaste noviembre y la certeza de que solo me salva un cirujano plástico. Mientras me pregunto si hay algo peor que el torturador calambre de tus glúteos que se rebelan tras 200 repeticiones durante la clase de “Intensive-local”, cometo el error de mirar de reojo el espejo 360° que siempre te enfrenta, para que me quede claro que la respuesta es SI.
Bastante peor es ver tu cara roja por el esfuerzo, rodeada de un halo de pelo erizado mal sujeto por 200 hebillas porque claro, el “rebajado” no es ni tan cómodo ni tan practico como parecía, por no entrar en el tema del cerquillo que se te mete en los ojos. Y ni que hablar de la visión de tus miembros (ni tan esbeltos ni tan torneados como quisieras) moverse con bastante poca gracia y bastante mas dificultad que los de tus compañeras, cuyos cuerpos, claro esta, son todos bastante mas agraciados que el tuyo (y mas trabajados también). Ah, ¡que lindo es hacer ejercicio! ¡Que bien se siente una al hacer algo por uno misma!
Ah, no todo es tan grave. Peor fue aquel día que corriendo por la rambla fui interceptada por un caballero que se vio en la obligación de notificarme que encontraba varias similitudes entre mi persona y algún ejemplar de ganado vacuno. En esa ocasión me pregunte que motivo podía tener alguien para tomarse el esfuerzo de dejar la actividad que se encuentra realizando (cualquiera que ella fuese, dado el tinte del comentario, me arriesgaría por la masturbación mental) y acercarse a alguien con el solo y único fin de hacer un comentario ofensivo. Por supuesto que no encontré respuesta, por lo menos no una que tuviera sentido, pero eso me llevo a otra pregunta: ¿Vale la pena deslomarse para que ese mismo subnormal malintencionado cambie el epíteto vacuno por uno equino y ensalce alguna parte de mi anatomía? Yo diría que no.
Así que si voy a desplazarme esas cuatro cuadras hecha un esparpajo de joggineta y championes, no va a ser para que nadie me reafirme diciéndome lo flaca que estoy. Va a ser para mirarme al espejo yo y decirme “Te estas superando”. Y si leo el mismo comentario en un par de ojitos que valgan la pena, mucho mejor.
Así que bueno… Ocho mas, vamos!
Bastante peor es ver tu cara roja por el esfuerzo, rodeada de un halo de pelo erizado mal sujeto por 200 hebillas porque claro, el “rebajado” no es ni tan cómodo ni tan practico como parecía, por no entrar en el tema del cerquillo que se te mete en los ojos. Y ni que hablar de la visión de tus miembros (ni tan esbeltos ni tan torneados como quisieras) moverse con bastante poca gracia y bastante mas dificultad que los de tus compañeras, cuyos cuerpos, claro esta, son todos bastante mas agraciados que el tuyo (y mas trabajados también). Ah, ¡que lindo es hacer ejercicio! ¡Que bien se siente una al hacer algo por uno misma!
Ah, no todo es tan grave. Peor fue aquel día que corriendo por la rambla fui interceptada por un caballero que se vio en la obligación de notificarme que encontraba varias similitudes entre mi persona y algún ejemplar de ganado vacuno. En esa ocasión me pregunte que motivo podía tener alguien para tomarse el esfuerzo de dejar la actividad que se encuentra realizando (cualquiera que ella fuese, dado el tinte del comentario, me arriesgaría por la masturbación mental) y acercarse a alguien con el solo y único fin de hacer un comentario ofensivo. Por supuesto que no encontré respuesta, por lo menos no una que tuviera sentido, pero eso me llevo a otra pregunta: ¿Vale la pena deslomarse para que ese mismo subnormal malintencionado cambie el epíteto vacuno por uno equino y ensalce alguna parte de mi anatomía? Yo diría que no.
Así que si voy a desplazarme esas cuatro cuadras hecha un esparpajo de joggineta y championes, no va a ser para que nadie me reafirme diciéndome lo flaca que estoy. Va a ser para mirarme al espejo yo y decirme “Te estas superando”. Y si leo el mismo comentario en un par de ojitos que valgan la pena, mucho mejor.
Así que bueno… Ocho mas, vamos!
lunes, 30 de abril de 2007
Canción de amor para las mujeres de mi vida
Ya lo dijo P, la familia no se junta a festejar la víspera del primero de mayo. Y sin embargo, aun sin festejos, hoy hay ese cielo raro, como de ovejitas violetas alrededor de la luna sobre un fondo negro, como de verano, como de que algo importante esta por suceder. Hay ese olor a Valdense, a que viene Navidad y a que todo puede pasar. Esta noche me siento como si el verano estuviese por empezar.
Se me antoja que deseo mucho y agradezco poco; que dudo mucho, disfruto poco, y padezco un poco mas de lo estrictamente necesario. Pero quiero hacer una excepción hoy que me doy cuenta, hoy que hay ese cielo raro, como de ovejitas violetas alrededor de la luna sobre un fondo negro; hoy que hay olor a que viene Navidad. Se que todo puede pasar, pero antes de que, o aún si, o a pesar de que algo pase, quiero dar gracias por ustedes. Porque pase lo que pase, estoy mas pronta porque las tengo cerca.
jueves, 26 de abril de 2007
Monógamos anonimos - monitoreando el progreso
En los vientivarios años que transcurrieron desde su fecha de envasado, la monógama en serie ha ido adquiriendo certezas y regodeandose en ellas, teniendo que descartarlas un tiempo mas tarde. Al comienzo todo parecía muy claro, y claro, por eso mismo, al comienzo ella no era aún una monógama en serie.
Al aterrizar con el dudoso paracaídas de su XX en esta pequeña ciudad, la monógama en serie fue descubriendo tempranamente el color rosa, los cuentos clásicos, las princesas de Disney y las risueñas Barbies, cada una con su respectivo galante príncipe (o andrógino metrosexual de plástico). Interactuando con ellos la monógama en serie comprendió que para toda mujer hay un príncipe encantador dispuesto a pasar las mil y una con tal de vivir con ella felices para siempre, y que esto siempre sucede así.
Comprendió que todos los hombres son bellos, nobles y valientes; y que todas las mujeres buenas son bonitas y amadas. Comprendió también que las mujeres malas son siempre horrendas y eventualmente reciben su merecido.
Veinte años después, la monógama en serie toma conciencia de su condición y se ve obligada a cuestionar su paradigma.
Como todos, supongo, la monógama en serie ha coexistido con esos parientes o conocidos cuya solitaria existencia la desestimuló, más o menos tempranamente, del concepto de una vida “independiente”. Orgullosa de su persona y de sus logros, la monógama en serie se niega admitir que no concibe una imagen a futuro de si misma sin alguien a su lado. Mientras se escucha argumentar que no tener una familia le facilitará alcanzar sus sueños, se imagina rodeada de gatos, velas y lectura new-age un domingo a la tarde a los cincuenta, y su sistema le impide procesar la imagen.
Tras el trágico final de una relación larga, intensa y positiva, la monógama en serie se ve obligada a hacer un doble duelo, el duelo por el vínculo perdido real, y el duelo por aquellos sueños compartidos que no van a cumplirse. Se despide de todas aquellas adorables rutinas que no volverá a ejecutar. La monógama en serie repasa en su mente todos los apodos cariñosos, todas las voces impostadas y los chistes internos que ya no volverá a repetir, y se ve forzada a tomar una resolución.
La monógama en serie quiere seguir buscando, pero se pregunta si, como las princesas de la infancia, no ha llegado el tiempo de esperar en su torre y dejarle el correteo por el desierto y los enfrentamientos con dragones a otro. No es bueno correr ni pelear con el corazón roto.
Me llamo Leandra, y soy una monógama en serie.
(“Hola, Leandra”)
Hace dos meses y diez días que estoy sola.
(Aplausos)
miércoles, 25 de abril de 2007
The Serial Monogamist
Serial Monogamist
Function: noun
One who spends as little time as possible being single, moving from the end of one relationship to the beginning of a new relationship as quickly as possible. Although the relationships in which many serial monogamists find themselves are also often short lived, the defining aspect of serial monogamy is the desire and ability to enter new relationships very quickly, thus abbreviating any period of single life during which the serial monogamist may begin to ask questions of an existential nature.
From: The Urban Dictionary (www.urbandictionary.com)
Monógamo/a Serial:
Función: Sustantivo
Persona que pasa el menor tiempo posible soltera (sola?), yendo del fin de una relación al comienzo de otra lo más rápido posible. Aunque muchas de las relaciones en las que se involucra el/la monógamo/a serial son de vida corta, el aspecto que define a la monogamia serial es la capacidad y el deseo de comenzar relaciones nuevas rapidamente, abreviando asi cualquier periodo de soltería (o soledad?) durante el cual el/la monógamo/a serial pueda comenzar a hacerse preguntas de naturaleza existencial.
Traducción libre por Leandra P.
Function: noun
One who spends as little time as possible being single, moving from the end of one relationship to the beginning of a new relationship as quickly as possible. Although the relationships in which many serial monogamists find themselves are also often short lived, the defining aspect of serial monogamy is the desire and ability to enter new relationships very quickly, thus abbreviating any period of single life during which the serial monogamist may begin to ask questions of an existential nature.
From: The Urban Dictionary (www.urbandictionary.com)
Monógamo/a Serial:
Función: Sustantivo
Persona que pasa el menor tiempo posible soltera (sola?), yendo del fin de una relación al comienzo de otra lo más rápido posible. Aunque muchas de las relaciones en las que se involucra el/la monógamo/a serial son de vida corta, el aspecto que define a la monogamia serial es la capacidad y el deseo de comenzar relaciones nuevas rapidamente, abreviando asi cualquier periodo de soltería (o soledad?) durante el cual el/la monógamo/a serial pueda comenzar a hacerse preguntas de naturaleza existencial.
Traducción libre por Leandra P.
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