miércoles, 23 de mayo de 2007

Las mediecitas me dan calor


Que apacible se le hacía la recién estrenada convivencia. Separados por 30 cm de hormigón vivían vidas separadas él y ella, en sus simétricos ochenta metros edificados. Lo escuchaba entrar y salir, pero nunca lo veía. Escuchaba su voz sin embargo, muy de vez en cuando, que resonaba fuerte y varonil en el estrecho pasillo compartido. Aún no se habían cruzado. Él llegaba después, ella se iba antes, y los días discurrían en la más dichosa calma. Ella no se preguntaba como sería.

Ayer de tarde caminó desde la parada como siempre lo hace. Pensaba en el frío, en la mordaz oscuridad de las seis de la tarde y en la promesa del café con leche que la mantendría despierta, cuando alguien pasó a su lado. Demoró unos segundos en procesar dos palabras: Hola vecina. Fueron dos segundos, pero ya era demasiado tarde.

Me asomaría a la mirilla de la puerta si no temiera tus ojos percibiendo la sombra de mis pies.

martes, 22 de mayo de 2007

Sobre el inignorable

Hace más de un mes que no veo al iningnorable. Uno diría que la falta de contacto prolongada con alguien con quien uno no guarda mayor relación llevaría, mas tarde o temprano, al olvido de ese alguien, o por lo menos, a un beatífico estado de relativa relajación de la idea de existencia de esa persona. Que uno sometería a esa persona a una especie de inexistencia transitoria a la que se vería confinada hasta que uno se la encontrase de vuelta, u oyera de ella nuevamente, y allí esa persona emprendería su imaginario retorno hacia un tibio rincón de nuestra percepción, real o virtual, para llevar allí nuevamente una efímera existencia.

Pero eso no pasa con el iningorable. Me llevo tiempo darme cuenta de que no me pasa solo a mi. El inignorable es, en esencia, universalmente inignorable. Nadie que yo conozca que lo haya tratado pudo evitar caer en su red de iningnorabilidad. Enfrentada con él, la persona forma opiniones, interactua, emite juicios, busca información. Peor aún: experimenta emociones. Desde el intenso fastidio a la dolorosa atracción, pasando por todos los matices intermedios. Cosas pasan. No lo he visto en más de un mes, pero escucho los comentarios, las criticas, las alabanzas, las preguntas. Escucho mis propios pensamientos.

A decir verdad, lo veo todo el tiempo.

viernes, 18 de mayo de 2007

Verdeazul


Me miraste fijo a los ojos y sin saber porque me sentí afortunada, elegida, empequeñecida. Sostuve la mirada y me perdí un poco en esos ojitos de niña enferma, tan poco infantiles, tan dolorosos, tan cansados.

¿Qué ves? Quise preguntarte. Porque lo que yo veo me parte el alma. Te veo chiquita, cansada, sabia, dolorida, y me pregunto cual es la lógica de las cosas, porque si la hay es una lógica de mierda. Pero claro, no te voy a decir eso y no es porque no me entiendas. Es porque tus ojos ya lo saben, y me siguen mirando a mi entre toda la gente que te rodea, y yo sigo mirándolos a ellos y me siento cada vez más y más triste. Y entonces veo que tus ojos son distintos, uno azul, otro verde; y contengo la respiración porque nunca vi algo así antes.

Lo siento tanto, hermosos dispares ojos tristes. Pero lo siento en serio, y ese sentimiento no esta nada bueno. No quiero verte llena de tubos y cicatrices. No quiero asumir que llegaste a la vida en déficit y me da pavor pensar que no sos la única. Me da pavor porque soy débil y estúpida e incapaz de aprender de tu coraje. Te admiro tanto, ojos valientes.

jueves, 17 de mayo de 2007

Temo


  • Que el tiempo se me pase más rápido de lo que puedo incorporarlo
  • Ser atacada por criminales de cualquier tipo
  • Nunca tener hijos y verlos crecer
  • Perder a la gente que amo
  • Cometer un error irreparable
  • No superarme cada día
  • Nunca encontrar a alguien con quien compartir mi vida
  • Descubrir que no puedo contar con tanta gente como pensaba
  • Decepcionar a quienes creen en mí
  • Decepcionarme a mi misma
  • Desesperarme esperando que vuelva el verano
  • Un día domingo sola en mi casa
  • Decirle lo que verdaderamente pienso a cierto tipo de gente
  • Nunca llegar a sentirme verdaderamente completa
  • Convertirme en alguien mediocre
  • Convertirme en alguien insensible
  • Convertirme en alguien soberbio
  • Encontrar una araña en mi cama
  • No llegar a ser la mejor versión posible de mi misma
  • No viajar por el mundo
  • Despertarme un día y ver que no cumplí mis sueños

miércoles, 16 de mayo de 2007

Cosas que recuerdo


Recuerdo respirar hondo e intentar abrir mis sentidos a todo aquello a mi alrededor. Recuerdo el frío húmedo me invadió desde la absoluta oscuridad y el algodonoso silencio que me rodeaba. ¿Así se sentiría la nada? Una semillita de miedo había empezado a gestarse en mí, pero por algún motivo no se decidía a germinar. No me sentía en peligro porque había algo en esa oscuridad, en esa sensación de ingravidez, en ese silencio infinitamente imperturbado que casi parecía paz.

Recuerdo que flotabamos. Recuerdo que no veía a Martín pero percibía a mi lado su respiración tranquila y acompasada, y mas que nada recuerdo la sensación de seguridad y confianza que irradiaba aun a través del frío y la oscuridad. Encendimos nuestras linternas y avanzamos. Recuerdo como me sentí al desplazarme en un ambiente surreal e inexplorado, mi cuerpo adaptándose a veces, sobreponiéndose otras. Eran las diez de la noche, y estábamos diez metros bajo el agua. Recuerdo que me sentí en casa.

lunes, 14 de mayo de 2007

Will you sing for me?


Pienso en lo mucho que determinadas canciones le dicen a las personas, y en lo poquito que le dicen a otras. En cómo cada uno entabla con las canciones pequeños diálogos, más o menos profundos, más o menos íntimos: algunos a media voz, como no queriendo ser escuchados; otros más estridentes, mas apasionados.

Las canciones me hablan todos los días, y dependiendo del día, algunas dicen cosas con más sentido que otras. Algunas me representan más que otras. Hay días en que hay canciones que son mías. Que cantan mis palabras, que resuenan con mi música, que trasmiten lo que soy mejor de lo que yo podría. Hay días en que a ciertas canciones es mejor no escucharlas. Hay canciones a las que les tengo mucho miedo.

Hay versos que me siguen con los años y vuelven a golpearme cuando los creo olvidados, incluso lejos de su contexto original. Hay canciones que entran pidiendo permiso, y otras dando un portazo. Hay canciones que me acompañan por etapas. Duermen, desayunan, almuerzan y cenan conmigo una temporada, para después empacar sus cosas y marcharse en silencio, sin hacer alharaca, cuando sienten que ya han cumplido su ciclo. Hay otras que están conmigo hace tanto que ya empezaron a reclamar su propio cuarto y me hablan de relaciones desgastadas, y se conocen tanto entre ellas que a veces ya ni se hablan.

Hay canciones que son mis sueños, canciones que son mis dudas, canciones que son mis miedos. Hay algunas que definen lo que busco. Hay canciones que espero no me dejen nunca.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Buscando motivos para ser feliz en invierno

  • Los hoyuelos en las mejillas cuando alguien sonríe
  • El pasto verde intenso a pesar de lo frío de un día gris
  • La lluvia sobre los árboles (especialmente si puedo dormir siesta)
  • El olor a tostadas
  • La comida casera
  • Los pájaros valientes que aún cantan
  • La risa de campamento de mi hermano
  • Comer chocolate con almendras
  • Cantar bajo la ducha muy caliente
  • Las carreras compartidas para escapar de la lluvia
  • Mirar a alguien y de repente creer en la telepatía
  • El sillón de mi living a la nochecita
  • Reir hasta que te duela la panza
  • Las bufandas de lana de colores
  • El té de manzana y canela
  • Los perros, los gatos, los niños
  • El ruidito del fuego
  • Una llamada invitándote a no hacer nada una tarde de domingo

lunes, 7 de mayo de 2007

Sobre los accidentes estúpidos

¿Cuáles son los principales componentes involucrados en un típico accidente estúpido?

Recurriremos a una burda generalización con el propósito de facilitar el análisis, dividiendo los componentes en dos grandes grupos: el del agente (o futuro accidentado) y el del objeto con el cual interactúa el agente.

De acuerdo a mi precario análisis, el agente o futuro accidentado puede pertenecer a cualquier especie, género o grupo etario, pero debe contar con la característica fundamental de ser animado. Puede objetarse que un agente no animado puede verse envuelto en un accidente estúpido al interactuar con un objeto animado. Es verdad, en ese caso el agente, a pesar de recibir una acción por parte de un objeto animado, sigue siendo agente y no objeto pues, si bien no genera el accidente, es quien sufre las consecuencias del mismo.

Pero volviendo al esquema original, el agente animado debe además contar con cierto espíritu temerario y la convicción de que nada puede pasarle. De allí se desprende que hay dos grupos de agentes, aquellos que por su inexperiencia o falta de facultades desconocen el peligro que entraña el objeto o las circunstancias que rodean al objeto (al que llamaremos el Ingenuo/Idiota), y aquel que esta plenamente conciente de él pero se considera capaz que sobreponerse a las circunstancias (el Valiente/Soberbio). Al interactuar con el objeto, tanto el Idiota/Ingenuo como el Valiente/Soberbio lo hacen desde la certeza de que se encuentran en control de la situación.

Ahí es donde entra en juego el objeto. Las características del objeto que participa de un accidente estúpido son altamente variables. Oscilan desde aquel aparentemente inofensivo, que sólo es capaz de generar daño en una inconveniente combinación de circunstancias o al ser manipulado de manera inapropiada, hasta aquel que resulta altamente peligroso por sus propias características y con el cual el más mínimo error puede llevar al desastre.

De la interacción entre agente y objeto, es difícil hallar que decir. Las hay de infinitos tipos y cada tipo puede encerrar diferentes propósitos. El agente y el objeto interactúan influenciados por su entorno de manera que siempre uno resulta jugar un rol mas activo que el otro, que observa expectante, hasta que el dramático desenlace tiene lugar: el accidente estúpido.

Ayudemos a la comprensión con un par de ejemplos:

Ejemplo 1: Niño de tres años de edad (agente) que, intrigado por los misterios de esos agujeritos en la pared por donde viaja la luz que llega hasta la lámpara, introduce sus dedos en el enchufe (objeto). Se trata de este caso de un agente Ingenuo interactuando con un Objeto Altamente Peligroso (APO). Resultado: Descarga eléctrica. Accidente estúpido, terrible, y evitable.

Ejemplo 2: Mujer de 25 años (agente) que, influenciada por el ocio, dedica más pensamientos que los razonablemente seguros a alguien y algo que datan de tiempo atrás (objeto). Se trata en este caso de un agente Idiota/Soberbio, que asumió erróneamente que estaba en control de una situación que (debería haberlo aprendidio tiempo atrás) se comporta como un Objeto Altamente Peligroso.
Resultado: Confusión severa. Accidente estúpido y terrible. ¿Evitable?

Que cosa peligrosa enroscarse con el pasado.

domingo, 6 de mayo de 2007

Young boy with eyes like the desert

Nos conocimos hace muchos años vos y yo, y fue uno de esos encuentros cinematográficos que parecen programados para generar felicidad. Te quise tanto. No creo que nunca llegues a saberlo del todo. El tiempo que te di te lo di con alegría y devoción absoluta y un constante sentimiento de fortuna y agradecimiento; eran días distintos y vos eras fresco, natural, espontáneo y tan, tan hermoso… La felicidad era un minuto mas escuchando tu voz.

Tanto tiempo después, tanta agua bajo el puente, ya ni siquiera me caes bien, ya no me duele nada, ya nadie pierde tiempo jugando a la escondida. Y sin embargo, young boy with eyes like the desert, ya ni tan joven ni tan inexplorado, todavía tengo una caja de felicidad en el alma que nunca llegue a darte. Nunca pude cuidarte. Pasé tanto tiempo corriendo adelante o detrás de vos que nunca estuve a tu lado. Pero no quiero ser tu amiga, y no puedo ser tu hermana. Quiero que te endurezcas, busques, pelees, descubras. Quiero que encuentres vos mismo lo que yo ya no quiero darte. Aunque ya no seas fresco, natural, espontáneo y hermoso. Aunque ya no me caigas bien. Aunque ya no me duela nada.

viernes, 4 de mayo de 2007

Oda a la decisión

Tíldenme de intolerante si quieren, pero hay cualidad que últimamente me saca de quicio en la gente: la indecisión. No respecto a grandes certezas al mejor estilo ¿Qué quiero hacer de mi vida?. Me refiero a las pequeñas cosas, me corto o no el pelo, me compro o no ese alfajor triple, salimos o no hoy de noche, vamos o no a este recital, salgo o no de la cama cuando son las siete a.m y llueve como nunca se ha visto antes.

Supongo que en mayor o menor medida la indecisión nos afecta a todos, pero me resulta claro que sufrir de algo y hacérselo sufrir a los demás son cosas distintas. Por eso cuando un viernes de noche mis amigas llaman veinte veces especulando sobre distintas actividades, para luego llamar otras tantas preguntándose sobre la conveniencia de hacer algo, sea lo que sea, para luego llamar a comunicar que mejor dejarlo para mañana, lo confieso: me saca de quicio.

Entonces, ¿que hago?

¿Pido que no me llamen hasta que sepan que quieren hacer, o lo dejo pasar y trato de que deje de molestarme?

¿Dejo de atender sus llamadas, o las llamo yo buscando que se concrete algo?

¿Me lamento por mi mala suerte de viernes a la noche, o me sirvo una copa de vino y me regodeo en el sillón con una película?

Como dije, la indecisión me saca de quicio en la gente, y mal que me pese, yo soy gente también. Y me saco de quicio a mi misma.

miércoles, 2 de mayo de 2007

The G.I Jane Routine



Llueva, nieve o truene, tres veces por semana me propongo desplazarme las cuatro cuadras que separan mi casa del gimnasio. Si, el estropajo en joggineta y championes con su botellita de Salus de medio que apura el paso, esa seré yo, como todos los años, intentando tomar medidas contra los adipocitos antes de que me aplaste noviembre y la certeza de que solo me salva un cirujano plástico. Mientras me pregunto si hay algo peor que el torturador calambre de tus glúteos que se rebelan tras 200 repeticiones durante la clase de “Intensive-local”, cometo el error de mirar de reojo el espejo 360° que siempre te enfrenta, para que me quede claro que la respuesta es SI.

Bastante peor es ver tu cara roja por el esfuerzo, rodeada de un halo de pelo erizado mal sujeto por 200 hebillas porque claro, el “rebajado” no es ni tan cómodo ni tan practico como parecía, por no entrar en el tema del cerquillo que se te mete en los ojos. Y ni que hablar de la visión de tus miembros (ni tan esbeltos ni tan torneados como quisieras) moverse con bastante poca gracia y bastante mas dificultad que los de tus compañeras, cuyos cuerpos, claro esta, son todos bastante mas agraciados que el tuyo (y mas trabajados también). Ah, ¡que lindo es hacer ejercicio! ¡Que bien se siente una al hacer algo por uno misma!

Ah, no todo es tan grave. Peor fue aquel día que corriendo por la rambla fui interceptada por un caballero que se vio en la obligación de notificarme que encontraba varias similitudes entre mi persona y algún ejemplar de ganado vacuno. En esa ocasión me pregunte que motivo podía tener alguien para tomarse el esfuerzo de dejar la actividad que se encuentra realizando (cualquiera que ella fuese, dado el tinte del comentario, me arriesgaría por la masturbación mental) y acercarse a alguien con el solo y único fin de hacer un comentario ofensivo. Por supuesto que no encontré respuesta, por lo menos no una que tuviera sentido, pero eso me llevo a otra pregunta: ¿Vale la pena deslomarse para que ese mismo subnormal malintencionado cambie el epíteto vacuno por uno equino y ensalce alguna parte de mi anatomía? Yo diría que no.

Así que si voy a desplazarme esas cuatro cuadras hecha un esparpajo de joggineta y championes, no va a ser para que nadie me reafirme diciéndome lo flaca que estoy. Va a ser para mirarme al espejo yo y decirme “Te estas superando”. Y si leo el mismo comentario en un par de ojitos que valgan la pena, mucho mejor.

Así que bueno… Ocho mas, vamos!