viernes, 4 de mayo de 2007

Oda a la decisión

Tíldenme de intolerante si quieren, pero hay cualidad que últimamente me saca de quicio en la gente: la indecisión. No respecto a grandes certezas al mejor estilo ¿Qué quiero hacer de mi vida?. Me refiero a las pequeñas cosas, me corto o no el pelo, me compro o no ese alfajor triple, salimos o no hoy de noche, vamos o no a este recital, salgo o no de la cama cuando son las siete a.m y llueve como nunca se ha visto antes.

Supongo que en mayor o menor medida la indecisión nos afecta a todos, pero me resulta claro que sufrir de algo y hacérselo sufrir a los demás son cosas distintas. Por eso cuando un viernes de noche mis amigas llaman veinte veces especulando sobre distintas actividades, para luego llamar otras tantas preguntándose sobre la conveniencia de hacer algo, sea lo que sea, para luego llamar a comunicar que mejor dejarlo para mañana, lo confieso: me saca de quicio.

Entonces, ¿que hago?

¿Pido que no me llamen hasta que sepan que quieren hacer, o lo dejo pasar y trato de que deje de molestarme?

¿Dejo de atender sus llamadas, o las llamo yo buscando que se concrete algo?

¿Me lamento por mi mala suerte de viernes a la noche, o me sirvo una copa de vino y me regodeo en el sillón con una película?

Como dije, la indecisión me saca de quicio en la gente, y mal que me pese, yo soy gente también. Y me saco de quicio a mi misma.

1 comentario:

sdasdasdad dijo...

Ante esa indecisión debes decidir tú. Decide que hacer ese viernes noche, se tú quien llame y diga "os espero en _______ ". Yo odio la impuntualidad porque llego 5 minutos antes que sumados a los 5 que llegas tarde para mi son 10 minutos.
Si lo de decidir no te convence alegrate que tienes planes de sobra para una misma noche. Hay quien solo tiene sillón y pelicula.