miércoles, 23 de mayo de 2007
Las mediecitas me dan calor
Que apacible se le hacía la recién estrenada convivencia. Separados por 30 cm de hormigón vivían vidas separadas él y ella, en sus simétricos ochenta metros edificados. Lo escuchaba entrar y salir, pero nunca lo veía. Escuchaba su voz sin embargo, muy de vez en cuando, que resonaba fuerte y varonil en el estrecho pasillo compartido. Aún no se habían cruzado. Él llegaba después, ella se iba antes, y los días discurrían en la más dichosa calma. Ella no se preguntaba como sería.
Ayer de tarde caminó desde la parada como siempre lo hace. Pensaba en el frío, en la mordaz oscuridad de las seis de la tarde y en la promesa del café con leche que la mantendría despierta, cuando alguien pasó a su lado. Demoró unos segundos en procesar dos palabras: Hola vecina. Fueron dos segundos, pero ya era demasiado tarde.
Me asomaría a la mirilla de la puerta si no temiera tus ojos percibiendo la sombra de mis pies.
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6 comentarios:
Delicioso relato.
Sutiles los pies junto a la puerta.
Un saludo
¡Me encantó! qué buen relato en tan pocas palabras. Bueno, bueno. Deja un suspenso exquisito. Felicitaciones.
Se necesita arte para hacer tan buen relato minimalista.
Te leo, y gracias por visitarme.
Qué buen texto!! es un gusto encontrar tan buena cuentista.
Un abrazo.!
clap, clap, clap.
los buenos cuentos se aplauden?
bueno,no sé, a mí me gustó y así lo demuestro.
ahí se ven!
coincidencias, intercecar lineas.
M.
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