martes, 22 de mayo de 2007

Sobre el inignorable

Hace más de un mes que no veo al iningnorable. Uno diría que la falta de contacto prolongada con alguien con quien uno no guarda mayor relación llevaría, mas tarde o temprano, al olvido de ese alguien, o por lo menos, a un beatífico estado de relativa relajación de la idea de existencia de esa persona. Que uno sometería a esa persona a una especie de inexistencia transitoria a la que se vería confinada hasta que uno se la encontrase de vuelta, u oyera de ella nuevamente, y allí esa persona emprendería su imaginario retorno hacia un tibio rincón de nuestra percepción, real o virtual, para llevar allí nuevamente una efímera existencia.

Pero eso no pasa con el iningorable. Me llevo tiempo darme cuenta de que no me pasa solo a mi. El inignorable es, en esencia, universalmente inignorable. Nadie que yo conozca que lo haya tratado pudo evitar caer en su red de iningnorabilidad. Enfrentada con él, la persona forma opiniones, interactua, emite juicios, busca información. Peor aún: experimenta emociones. Desde el intenso fastidio a la dolorosa atracción, pasando por todos los matices intermedios. Cosas pasan. No lo he visto en más de un mes, pero escucho los comentarios, las criticas, las alabanzas, las preguntas. Escucho mis propios pensamientos.

A decir verdad, lo veo todo el tiempo.

4 comentarios:

sdasdasdad dijo...

Ese ente existe. Tú lo ves y yo lo veo. El mio es ella, el tuyo él. No me acostumbro a verla donde no está, pero a diferencia de ti si quiero verla. Ánimo!!!!

FEFI dijo...

iningorable... pues sí, está cuando quiere o mejor dicho cuando lo queremos recoger de donde esté (basurero de ideas/recuerdo solar. Nos leemos. Preciosa esta expresión de creatividad/ternura.
sl2,
fer

Berthe Trépat dijo...

Hay gente que tiene esa característica de inignorable, es raro, pero capáz que todos somos inignorables para alguien, o al meno eso quiero pensar...

Berthe Trépat dijo...

Es tal cual lo que decís...