jueves, 26 de julio de 2007

Correr y pelear

En los vientivarios años que transcurrieron desde su fecha de envasado, la monógama en serie ha ido adquiriendo certezas y regodeandose en ellas, solo para tener que descartarlas un tiempo mas tarde. Al comienzo todo parecía muy claro, y claro, por eso mismo, al comienzo ella no era aún una monógama en serie.

Al aterrizar con el dudoso paracaídas de su XX en esta pequeña ciudad, la monógama en serie fue descubriendo tempranamente el color rosa, los cuentos clásicos, las princesas de Disney y las risueñas Barbies, cada una con su respectivo príncipe galante (o andrógino metrosexual de plástico). Interactuando con ellos la monógama en serie comprendió que para toda mujer hay un príncipe encantador dispuesto a pasar las mil y una con tal de vivir con ella felices para siempre, y que esto siempre sucede así.

Comprendió también que todos los hombres son bellos, nobles y valientes; y que todas las mujeres buenas son bonitas y amadas. Comprendió también que las mujeres malas son siempre horrendas y eventualmente reciben su merecido.

Y sin embargo, veinte años después, la monógama en serie toma conciencia de su condición y se ve obligada a cuestionar su paradigma. Como todos, supongo, la monógama en serie ha coexistido con esos parientes o conocidos cuya solitaria existencia la desestimuló, más o menos tempranamente, del concepto de una vida “independiente”.

Orgullosa de su persona y de sus logros, la monógama en serie se niega admitir que no concibe una imagen de si misma a futuro sin alguien a su lado. Mientras se escucha argumentar que no tener una familia le allana el camino hacia la concreción sus sueños, se imagina rodeada de gatos, velas y lectura new-age un domingo a la tarde a los cincuenta. Y la imagen, como todas las imagenes inquietantes, permanece latente en algun rinconcito de la conciencia.

Tras el trágico final de una relación larga, intensa y positiva, la monógama en serie se ve obligada a hacer un doble duelo: el duelo por el vínculo perdido, el real; y el duelo por aquellos sueños compartidos que no van a cumplirse. Se despide de todas aquellas adorables rutinas que no volverá a ejecutar. La monógama en serie repasa en su mente todos los apodos cariñosos, todas las voces impostadas y los chistes internos que ya no volverá a repetir, y se ve forzada a tomar una resolución.

La monógama en serie quiere seguir buscando, pero se pregunta si, como las princesas de la infancia, no ha llegado el tiempo de esperar en su torre y dejarle el correteo por el desierto y los enfrentamientos con dragones a otro.

No es bueno correr ni pelear con el corazón roto.

Me llamo Leandra, y soy una monógama en serie.

(“Hola, Leandra”)

Hacen cinco meses y una semana que estoy sola.

(Aplausos)

8 comentarios:

peregrina dijo...

Mi querida leandra, esta otra monógma, está lagrimeando mucho.
Tu corazón está en cada palabra , pero de una manera digna, dignísima. Me has conmovido hasta la médula.
Te abrazo fuerte reina mía y mi corazón también te abraza.

Miguel Schweiz dijo...

Acabo de descubrirte Leandra y al leer post a post me he sentido afortunado. Esa mezcla entre la emoción, la espontaneidad y la belleza del texto en sí.
Una maravilla

peregrina dijo...

Querida Leandra:
vengo a ver cómo estás?
Hay algo que pueda hacer para ponerte feliz?

Levedad dijo...

yo soy medio vos pero en negativo.
igual creo que te llevo unos años menos, pero seguro que mi historia puede ser muy similar a la tuya en alguno años desde aquí y contando.

es difícil.
cada vez más difícil.
y más allá de la cura en la mano, la enfermedad parece cada vez más terminal.

yo no sé.
a veces todo me importa veinte carajos. a veces no.

insoportable levedad, ufff

a mi me hace bien ir en bici a casi todos lados. hasta que me pise un taxi, quizás, y ya no me haga tan así.

me gusta mucho como escribís, lo que escribís, cómo lo escribís.

la vida te depara flores.
yo que no sé nada pero si algunas cosas, me animo a la profecía.

saludos de lunes ! (imaginalos)

Miguel Angel Servellón dijo...

Me gusto, de verdad me gusto tu paz y serenidad para escribir.
Saludos y Bendiciones

Almendra dijo...

no sé, todo esto que escribiste es tan real, a la vez tan personal y universal...me gusta mucho como escribís.

fiorella dijo...

De monògama a monògama,y veo que hay varias,los duelos,las distancias definitivas llevan su tiempo,tu tiempo y el de ningùn otro.Andamos en lo mismo,eso siento y no te pongo meses,ni dìas,nada se compara a nada.Un beso

_+*+_ AFR _+*+_ dijo...

Me ha enternecido esta entrada, Leandra. De verdad. Si es ficción, parece vivida; si no lo es, es muy triste y muy descarnada. Se sienten las heridas de un gran amor perdido.
No sé que decir, sólo hacerte llegar mi cariño y apoyo; a la distancia del teclado, estoy contigo, y como mi sabia abuela puedo decir: ¡"El tiempo es el mejor amigo"!