lunes, 18 de junio de 2007

Sobre el habitante


Que cosa molesta las mesas de cármica blanca, sin otro adorno que un servilletero vetusto y sin gracia. Casi no te dan excusa para distraer la mirada, y con el paso de los minutos se hace cada vez mas difícil esconderse detrás de algo, mas difícil esconderte vos dentro de tu propio cuerpo, y terminás asomandonte a la unica ventanita en la cual el otro te puede decir “pica”. Y entonces inexorablemente esa criatura huraña, primitiva y fotofobica que una vez desterraste de tu cabeza a un recóndito rincón de tu cuerpo, que te habita, que se pasa el día especulando posibilidades, oliéndose y rascándose en algún rincón oscuro y húmedo termina asomándose en tus ojos y tan sólo su presencia en tus órbitas despliega una ola de parálisis sobre los músculos de tu cara, como una descarga eléctrica. Sin más excusas para mirar la mesa, terminas mirándote en esos otros ojos, viendo en ellos el reflejo de la huraña criatura que refunfuña, mas enojada que nunca; y como siempre, te reprocha cosas.

Te dice lo que no querés escuchar. Te dice que siempre supiste que se puede aprender a amar a alguien. Y que como te dijo Miracles, en la vida tenés dos opciones: engancharte con cualquiera para evitar el dolor helado de estar solo, y de esa manera ser infeliz pero al menos ser infeliz con otro; o esperar que alguien venga y te abofetee con su sola presencia y transforme la felicidad de un concepto abstracto a la noción de la temperatura exacta de la piel de otras manos en las tuyas. Esa opción implica esperar, sabiendo que así te arriesgas a una existencia de dolor helado.

Y vos no querés arriesgarte. Y esos otros ojos que tenés en frente tampoco son cualquiera. Hay virtudes que hasta anomalías como vos saben apreciar. Vos estas dispuesta a no arriesgarte, pero cada vez que te decidís esa alimaña se arrastra desde su rincón oscuro y húmedo y te mira con enojo desde cualquier superficie reflejante, y si no la encuentra, siempre encuentra alojo en unos ojos ajenos.

Y te hace acordar de una vez, hace años, cuando todavía pensabas que te bastaba ese cuerpo para sobrellevar todos los inviernos, esa voz y esas palabras para salvarte del hambre para siempre. Te hace acordar que en una época vos también creías, vos también esperabas.

Entiende porque la encerraste. Entiende, pero no te perdona. Y no te va a dejar salirte con la tuya.

4 comentarios:

Sancho Panza dijo...

una frazadita de vez en cuando no viene nada mal, jaja.
pero me parece muy verdadero lo que decís.
ahí se ven!

fiorella dijo...

Hay que ir en busca de lo que necesitamos, a veces nos viene,pero hay que ir a su encuentro.UN beso

FEFI dijo...

escaparse a veces funciona. Saludos,
fer

peregrina dijo...

Lamento haberme perdido todo esto sos especial e intimista, y coincido con algún comentarista todo es muy real.